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Para aplicar a un puesto de trabajo

Algunas ideas provenientes del sentido común y la experiencia…

Es usual oir que las personas que postulan a un puesto de trabajo deben “venderse” o “marketearse” demostrando un conjunto de características aparentemente deseables por la empresa u organización que ofrece el puesto, las cuales serán puestas a prueba mediante un conjunto de evaluaciones, tales como:

1) las hojas de vida

2) las entrevistas técnicas

3) las entrevistas personales/psicotécnicas

Con esta idea, la aplicación se convierte en una suerte de carrera de obstáculos para los que se asumen ciertas estrategias, más o menos efectivas dependiendo del evaluador.

1) La Hoja de Vida

Este es comúnmente el punto de partida en la mayoría de los casos. Al respecto he apreciado una fuerte tendencia a la exageración, de seguro con el propósito de causar un efecto impactante. Lamentablemente el efecto impactante se logra, pero suele ir en sentido negativo:

Por un lado, muchos CV se descartan por ser excesivamente extensos, lo que ahorra tiempo al encargado de este primer “filtro”. De otro lado, un CV exagerado por lo general predispone al entrevistador (en la entrevista técnica) a tratar de comprobar (o descubrir la falsedad) de lo que se ha indicado.

El CV extenso tiene la única ventaja de describir más a la persona, pero esto por lo general no tiene mucha eficacia en la fase inicial del proceso. En estos los tiempos modernos, un documento pesado de leer suele ser un poderoso repelente.

Algunas notas adicionales: el formato de la hoja de vida es variable (cada evaluador tiene sus preferencias); sin embargo, es imprescindible una ortografía perfecta, limpieza, claridad en lo que se dice, y coherencia. Esto debería ser consecuencia de la formación escolar, pero lamentablemente el resultado suele ser pésimo, por lo que el interesado debería preocuparse seriamente en complementar por su cuenta estos aspectos.

2) Las entrevistas técnicas

Suelen desarrollarse a partir de cuestionarios y el CV. La persona puede ser requerida de enfrentarse a un problema o situación concreta relacionada a su especialidad (a fin de calibrar su experiencia.)

En primer lugar considero muy importante que la persona posea una adecuada facilidad de comunicarse verbalmente; de lo contrario, se le va a dificultar el transmitir sus ideas y/o respuestas; y del mismo modo, comprender las preguntas.

Este aspecto a mi entender resulta ser cada vez más patético. Mucha gente ha perdido el aprecio hacia la comunicación verbal (salvo la escucha pasiva de la TV) y tiene tremendas dificultades para expresarse. Del mismo modo ocurre con la comunicación escrita, donde universitarios con buenas calificaciones tienen una ortografía de horror.

Alguien me preguntó una vez por qué me interesa la ortografía (o la oratoria) de un técnico; la respuesta es muy simple: ese técnico eventualmente se comunicará con un cliente de la empresa (pero a nombre de la empresa), y de sus faltas ortográficas se transmitirá que la empresa es descuidada y/o ignorante de lo más elemental.

Una de las cosas más tristes de todo esto es que la solución es sencilla: coger un manual de ortografía. Pero como las personas terminan el colegio detestando la mayoría de cursos (esos maestros y esos especialistas que arman las curriculas escolares no tienen idea del daño que hacen al país), entonces la idea de recapitular lo que nunca se aprendió en un curso de lenguaje les resulta inaudita.

Para el caso de la comunicación verbal no tengo una salida muy clara. Algunos me sugieren que todo se debe al exceso de aplicaciones de Internet, con las que las personas cada vez requieren menos de reuniones físicas (ergo, se atrofia el habla); quizá también al uso abundante de los SMS, que obviamente tienden a empeorar la escritura con su incomodidad de teclado y el espacio reducido. Ahora bien, antes de que se me señale de supersticioso o exagerado, es menester recordar que el entorpecimiento de la escritura por otro “aprendizaje” no tiene nada de nuevo: la taquigrafía es una reconocida atacante de la buena caligrafía; sin embargo, con la rapidez con que se han sucedido estas tecnologías parece que nadie ha podido aquilatar las influencias de las mismas.

Suficiente digresión con la expresividad. Volviendo al punto de la entrevista técnica, el CV puede efectivamente lograr que ésta se dé, pero también puede derrumbarla totalmente si no se puede sustentar. Un ejemplo puntual: un joven al que entrevisté, indicaba (en su CV) tener experiencia en una gran cantidad de aplicaciones de computador. En la entrevista técnica, al entrar al detalle de estos temas, descubrí que lo único que había hecho era descargar estas aplicaciones desde internet, y “ejecutarlas”. Nada más.

En aquel momento yo no sabía si reirme o enfurecerme por su “charlatanería”, pero también descubrí que esta persona efectivamente consideraba que podía incluir esto en su “experiencia”, y si vamos al significado exacto de la palabra, realmente este joven sí había tenido alguna clase de “experiencia” con estas aplicaciones. Por lo tanto: cuándo podemos decir que tenemos experiencia acerca de algo? Tal vez sería aconsejable incluir algo como “experiencia”, si y solo si tenemos algo interesante que contar a un tercero sobre el particular: “este sistema no me gusta por tal o tal motivo”, “prefiero esta tecnología sobre esta otra debido a tal cosa”, “con este producto tuvimos estos problemas…”, “me capacitaron tres meses en esta plataforma…”, etc. e indicar alguna idea de la “profundización” de dicha experiencia.

3) las entrevistas personales/psicotécnicas

El “psicotécnico” suele ser una cosa más o menos conocida por todo el mundo. Las mismas preguntas, los mismos “razonamientos matemáticos”, las mismas ideas, series, figuritas, etc. Yo sinceramente ignoro por qué se sigue aplicando este tipo de evaluación a diestra y siniestra.

El resultado suele ser más o menos obvio dependiendo de la anterior exposición del evaluado a estas baterías de preguntas, y en muchos casos, a su preparación de tipo “pre-universitaria”.

Más interesante resulta una evaluación de tipo personal en la que se intenta conocer algo más del caracter de la persona. Esto lo llevan a cabo personas especializadas (normalmente psicólogos) pero es muy frecuente que los futuros jefes participen, complementen o agreguen algo de esto como colofón de la evaluación técnica.

Ahora bien, con todo el respeto que merecen los especialistas de la psicología, por lo general su juicio es poco determinante (salvo que alerten acerca de un postulante psicótico -los psicópatas se les escapan); decía que al margen de esto, me parece que es la entrevista personal de los jefes u otro personal de la empresa la que resulta más decisiva; después de todo, ellos tienen un elemento adicional con el que no cuenta el psicólogo: el conocimiento del ambiente de trabajo establecido y de los participantes. Con esta información, suelen hacerse juicios a veces subjetivos y a veces no muy conscientes acerca de lo más importante del todo el tema psicológico: cómo se va a integrar el postulante al equipo de trabajo? Esto puede ser muy variable; por ejemplo, un encargado de seguridad probablemente debe estar (en cierto modo) poco integrado o involucrado emocionalmente con el resto de empleados; un postulante a jefatura acostumbrado a un trato duro con sus subalternos podría ser adecuado o inadecuado en función de la sensibilidad de sus potenciales nuevos subalternos; un especialista poco comunicativo puede vérselas en dificultades para reportar a un superior hiper comunicativo – pero podría encajar perfectamente en un equipo ya establecido de personas de caracter muy reservado, etc.

Al respecto creo que el mejor camino es la sinceridad, por dos motivos: En primer lugar, los entrevistadores (ya sea de profesión o no) normalmente ya han entrevistado y observado el desempeño de mucha gente, por lo que resulta relativamente arrogante pretender engañarlos. En segundo lugar, cuando por descuido o por lo que fuere, la persona logra transmitir una imagen falsa, tan pronto el trabajo empieza, también surgen los problemas y las decepciones.

Sin embargo, mucha (demasiada) gente señalará que estos problemas eventualmente son resolubles… lo importante es “conseguir el empleo” a como dé lugar. Si bien esto puede ser relativamente ventajoso para quien no tiene nada (suena preferible ser despedido con el sueldo de un mes, que nunca recibir un sueldo), en la práctica puede ser muy perjudicial desde el punto de las referencias personales y la inestabilidad que transmitirá la hoja de vida.

Otras consideraciones

Así como ser poseedor de una adecuada ortografía, aceptable dicción y poder de expresión, también es importantísimo tener una adecuada capacidad de comprensión de lectura. Lo más triste es que mucha gente cree que comprende lo que lee, pero en realidad comprende muy poco y/o lo comprende muy mal. Quizá ayuden los talleres de lectura, pero en general, me parece que el problema es que la gente simplemente no lee nada (salvo los SMS) y aquí también podríamos encontrar la causa original en el colegio, en el que se “forman” personas que creen que leer un libro es una especie de castigo o de tortura.

Del mismo modo es importante tener conocimientos de inglés, suficientes como para poder comprender un texto escrito, y mejor para sostener una conversación. También es imprescindible poseer una experiencia básica en la creación de documentos y hojas de cálculo en una computadora.

La limpieza y una vestimenta sobria o al menos coherente con el puesto de trabajo también dice mucho de la “psicología” de la persona. De otro lado, aunque esto tal vez vaya cambiando conforme pasen los años, es preferible evitar los tatuajes y cualquier otra alteración o perforación en la piel, pues para un grueso sector de la población esto es más o menos equivalente a no bañarse, o genera remembranzas con la vida en prisión, o ideas similares. Una vez leí en un libro acerca de cómo adquirir empleos, una advertencia más o menos con este tenor: “si tú necesitas perforarte y pintarte la piel para expresarte como persona, entonces estás transmitiendo una profunda, insatisfecha e inmadura necesidad de llamar la atención del resto”. Esto puede ser extremo en muchos casos (yo mismo tengo un familiar muy involucrado en la aplicación de tatuajes), pero creo que actualmente (y al menos para los próximos diez años) será una ventaja el mantener una piel inmaculada.

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